2016-10-19

by Jamie Lee Morales-Rios, City Year Providence AmeriCorps Member proudly serving on the Carl G. Lauro Team

Read below for Jamie's story in Spanish! Lea a continuación para la historia de Jamie en español!

For 23 years, I lived in Puerto Rico, a 100 x 35 mile island in the Caribbean. I grew up in a familiar culture with family and friends always nearby. I started volunteering in college to advance my CV and better my chances of getting into graduate school. As soon as I started giving back to my community, my mentality about volunteerism changed and I knew I wanted to pursue service to a cause greater than myself. While preparing for graduate school, I lost track of everything that was going on around me, and this opportunity would be a great way to refocus on what matters.

I found out about City Year through my best friend. After reading about their values, what they do, the mission statement, and watching videos, I had no doubt in my mind that this is what I wanted to do before applying to graduate school.

The hardest decision I had to make was leaving everything I knew behind to be a part of the City Year community. When I applied, there was a question about where I wanted to serve. That was the first time I realized that no matter where I was sent, my family and everything I knew would still be a plane ride away. Thousands of questions ran through my mind as I stared at that question: What if something happens while I’m away? What if something happens to me? What if I don’t fit in?  If I don’t like it? I closed my laptop and didn’t finish my application that night.

Days passed and I kept thinking about those same questions. I realized I was letting a once in a lifetime opportunity pass because I was making up scenarios in my head. I received a phone call from City Year asking if I was still going to submit my application. I hung up the phone and told myself that my dreams had to be bigger than my fears and I submitted my application. I checked the “serve wherever needed” option. If I was already going have to take a plane, I might as well go all the way. A week or two later, I received an e-mail: I was placed in Providence, Rhode Island!

After a five-hour plane ride, I finally made it to Providence with a few days to get settled before Basic Training Academy (BTA). From the moment I stepped into the training space, staff, second year AmeriCorps members, Team Leaders and Impact Managers made sure everyone felt welcomed, that their concerns would be addressed, and would provide help every step of the way. Their support made everything easier.

Eventually I was placed to serve on a team at Carl G. Lauro Elementary School. Quickly, my team became my family. There was so much diversity in ideas, cultures, backgrounds, thought processes; I found my family in room 301. Outside of my school team, I became part of a bigger family: the whole City Year Providence team and staff.

Despite all of our differences, one thing unites us: we want to make a difference. That is all it took for me to find a home away from home.

At school, the students give me a purpose and give me confidence in my decision to serve with City Year. In a City Year, students see hope. They see someone who believes in them, someone who genuinely believes that the future is in their hands and that no dream is too big for them to conquer. In them, I see potential, and I see the future. Not only is City Year helping me give to the community, City Year is helping me grow as a leader and mentor while changing the world one student at a time.

“The best way to find yourself is to lose yourself in the service of others.” –Mahatma Gandhi

 


 

Cuatro maletas, un pasaje sin regreso, y un sueño de cambiar el mundo.

Por 23 años, viví en Puerto Rico, una isla de 100 x 35 millas en el Caribe. Crecí alrededor de una cultura conocida llena de familiares y amistades. Comencé a ser voluntaria en varias organizaciones cuando entré a la universidad con la prioridad de tener un CV elaborado para cuando llegara el tiempo de solicitar a escuela graduada. Haciendo esto, perdí noción de lo que pasaba alrededor mío por lo que decidí buscar la manera en la que podía reenfocarme en aspectos sociales que sí eran mi prioridad.

Me enteré de City Year a través de mi mejor amiga. Luego de leer sobres lo que hacen, sus valores, su misión, y ver varios vídeos, no había ningún tipo de duda que había encontrado qué hacer antes de dar el próximo paso respecto a mi educación.

La decisión más difícil en todo el proceso fue que, para poder ser para de la comunidad de City Year, tenía que dejar atrás todo lo conocido. Durante el proceso de solicitar, me topé con una pregunta sobre cuál era mi preferencia respecto al estado donde quería brindar servicio. Ahí fue cuando, por primera vez, me topé con la realidad de que no importara cual fuera mi selección, mi familia y todo lo que conocía estaría a la distancia de un vuelo. Miles de preguntas corrieron por mi mente: ¿Qué iba a hacer si sucedía algo mientras yo me encontraba a más de mil millas de distancia? ¿Si algo me pasa a mí? ¿Si no formo parte del grupo? ¿Si no me gusta? Cerré la solicitud y no la terminé esa noche.

Días pasaron y continuaba pensando en las mismas preguntas. Estaba a punto de dejar pasar una oportunidad  porque estaba creando escenarios en mi mente. Recibí una llamada de City Year en el que me preguntaron que si iba a someter mi solicitud. La llamada terminó y me dije que mis sueños tenían que ser más grandes que mis miedos y sometí mi aplicación. Marqué la opción de “servir donde sea necesario” . Si ya me tenía que ir de la isla, el lugar donde iría no sería la prioridad, sino que lo que estaría haciendo. Una o dos semanas después, recibí el correo electrónico: mi año con City Year lo estaría realizando en Providence, Rhode Island!

Luego de un vuelo de cinco horas y ocho horas guiando, llegué a Providence unos días antes de comenzar la Academia de Entrenamiento Básico (BTA). Desde el momento que llegué al espacio de entrenamiento, la administración, miembros de segundo año de AmeriCorps, “Team Leader”s e “Impact Managers” se aseguraron de que todo el mundo se sintiera bienvenido(a), que las preguntas y preocupaciones fueran contestadas, y proveyeron ayuda en cada paso.

Eventualmente, mi año de servicio lo haría en la escuela elemental Carl G. Lauro. Rápidamente, el equipo al que pertenezco se convirtió en mi familia. La diversidad de ideas, culturas, conocimientos; encontré mi familia en el salón 301. Afuera del equipo de la escuela, formé parte de una familia aún más grande: el equipo y la administración completa de City Year Providence.

A pesar de nuestras diferencias, una cosa nos une: todos(as) queremos hacer la diferencia. Eso fue todo lo que tomó para yo encontrar un hogar lejos de mi hogar.

En la escuela, los estudiantes me dan la energía y propósito, asegurándome día a día que formar parte de City Year fue el paso correcto. En un City Year, los estudiantes ven esperanza. Ven a alguien que cree en ellos(as), alguien que, genuinamente, cree que su futuro está en sus manos y que no hay sueño demasiado grande para que ellos(as) conquisten. En ellos, yo veo el potencial y yo veo el futuro. En fin, City Year me permite darle a la comunidad mientras me permite crecer como líder y mentora, cambiando el mundo un estudiante a la vez.

“La mejor manera de encontrarte es perdiéndote en el servicio a otros.” –Mahatma Gandhi

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